Baruj

 

EDITORIAL CANDAYA ofrece en este sitio una breve guía orientativa sobre los escenarios y algunos personajes, que no pertenecen a la ficción, presentes en la novela Las salvajes muchachas del Partido, de Lázaro Covadlo.

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Baruj Kowenski es el protagonista  de Las salvajes muchachas del Partido. Está inspirado, lejanamente, en la figura del abuelo paterno de Lázaro Covadlo. Nacido en Ucrania a finales del siglo XIX, Baruj Kowenski se une al anarquismo y participa en las revueltas del año 1905. Huyendo de uno de los pogroms  de principios de siglo, emigra a Argentina donde ejerce de contrabandista, revolucionario, amigo y castigador de rufianes, zapatero remendón en una colonia judía, pistolero e impresor. Regresa a Europa a fin de participar en la Revolución Rusa y se alista luego en las Brigadas Internacionales para luchar en la Guerra Civil Española, donde aparentemente se pierde su rastro… Pero, quién sabe…

 El_abuelo_anarcobolchevique

Este hombre con carita de ángel era Baruj Covadlo (originariamente Kowadlo), el abuelo que nunca conocí, salvo por referencias y rumores. ¿Mató a un rufián de la Zwi Migdal? ¿Combatió contra los polacos contrarevolucionarios en la caballería roja? ¿Murió en combate o lo fusilaron sus propios camaradas? En la fotografía se lo ve entonces muy “compadrito”. He oído decir que los porteños de aquel tiempo lo consideraban un “ruso” raro, sobre todo porque era muy aficionado a un género musical entonces muy reciente: el tango. Otra cosa en común: también a mí me gusta el tango. Pienso en las figuras de aquel entonces: Betinoti, Gabino Ezeiza, Pascual Contursi, Eduardo Arolas. Después llegó Gardel; después llegaron otros grandes, pero ninguno como ellos.
 
Pasaporte

Este era el pasaporte ruso de mi abuelo, con él salió de la Rusia zarista y entró en Argentina a tiempo de ver los tranvías a caballo y presenciar los festejos del centenario de la Patria: la Patria, ahora, era Argentina. Pero lo que de verdad festejaron mis abuelos, estando en Buenos Aires, fue la Revolución Rusa. Tan grande fue el entusiasmo del padre de mi padre que, en 1919, regresó a su país natal, se unió a los leninistas, y marchó a luchar contra los “blancos”, en la caballería roja, a las órdenes de Budioni. Lo notable del asunto es que Budioni era un cosaco antisemita. También resultaba curioso el hecho de que mi abuelo no había aprendido a montar en Rusia, sino en el campo argentino, con esa clase de gente que el escritor Gerchunof retrató en su libro Los gauchos judíos. Debo decir que antes había estado prófugo de la policía argentina, posiblemente por asuntos de anarquismo y peleas con rufianes. Al respecto, alguna vez se dijo que se cargó a un macarra de la asociación prostibularia integrada por judíos que respondía al nombre de Zwi Migdal, aunque quien sabe si en realidad no estuvo metido en asuntos de contrabando. Sí, quién sabe. Al parecer, mi abuelo era lo que hoy en día se llama “un sujeto conflictivo”. En 1922 a mi abuela le llegó una comunicación haciéndole saber que su marido había muerto en combate. Puede que así haya sido, pero también es posible que lo hubieran fusilado por orden del antisemita Budioni. Además, no debe olvidarse que mi abuelo provenía del anarquismo. Eso no les gustaría a los bolcheviques. El hecho es que tal vez para mi abuela haya sido un alivio. A poco ella volvió a casarse. Algunas veces, cuando de niño hacía tropelías, oía decir que había salido a mi abuelo. 

 

 

 

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